Rentas de capital, la necesidad de revisar la incidencia de sus pérdidas

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Roberto Polo

Profesor de Derecho Tributario de la Universidad del Pacífico
Socio de PwC

Nuestro ordenamiento tributario aplicable a las personas naturales contempla cinco posibles categorías en las que pueden incluirse las rentas que se obtienen. Mientras que las rentas de fuente extranjera no se incluyen conceptualmente en ninguna de las referidas categorías.

Ahora bien, las rentas de primera y segunda categoría se suman para dar lugar a las rentas de capital de cada contribuyente.

Los importes que se deben incluir en dicha suma son las rentas netas, para cuyo efecto la norma admite en ambos casos una deducción fija equivalente al 20% de la renta bruta.

No obstante, respecto a las pérdidas de capital de las personas naturales, la norma tributaria ha sido específica al limitar su compensación a un supuesto particular.

En efecto, la norma incluye dentro de la segunda categoría a los resultados provenientes de la enajenación de valores mobiliarios, y siendo que producto de dicha enajenación el resultado puede ser una pérdida, la Ley admite su compensación.

Sin embargo, dicha compensación se encuentra reglada, pues ha sido limitada a utilizarse contra los (i) resultados positivos – ganancias de capital – originados también en enajenaciones y (ii) solamente en el ejercicio corriente en el que se obtuvo la pérdida[1].

Cabe mencionar que, en el caso de fondos de inversión y de fideicomisos, la norma admite adicionalmente la compensación de pérdidas originadas por instrumentos financieros derivados, contra las rentas de segunda categoría atribuibles a los contribuyentes. Pese a ello, no existe una norma similar para el caso de los contribuyentes que obtienen pérdidas producto de la contratación de este tipo de contratos derivados fuera de los citados fondos y fideicomisos.

Incluso el Tribunal Fiscal ha tenido oportunidad de evaluar la citada regla y en la Resolución No.03008-1-2017 ha señalado que no es posible compensar la pérdida originada en la enajenación de acciones con los resultados originados por la contratación de instrumentos financieros derivados pues en este tipo de contratos la renta no se produce por la enajenación de capital alguno.

Aplicando dicho razonamiento, la pérdida por la enajenación de valores no podrá ser compensada contra otras rentas de segunda categoría tales como intereses, ganancias por el rescate de fondos mutuos ni regalías.

Aunque discutible, lo anterior supone que si en otro tipo de operaciones generadoras de rentas de segunda categoría, se obtiene un resultado negativo – pérdida – éste no podrá compensarse contra las demás rentas del contribuyente, ni siquiera contra aquellas que correspondan a la misma categoría y tipo de operación. Por ejemplo, no es posible compensar la pérdida originada en el rescate de cuotas de un fondo mutuo contra la ganancia originada por otro rescate, ni siquiera si ambos rescates corresponden a cuotas del mismo fondo.

Resalto el punto discutible pues en nuestro ordenamiento se grava con el Impuesto a la Renta a los resultados positivos (por fondos mutuos, derivados, venta de inmuebles), por lo que sería una opción normativa válida que también se permita compensar las pérdidas originadas en el mismo tipo de operación.

No obstante, dado que no se cuenta con una regulación específica en ese sentido, dicha compensación no resulta viable, lo que origina una asimetría impositiva que, incluso, puede derivar en un escenario de confiscatoriedad[2].

Por ejemplo, si una persona natural genera ganancia de capital por venta de valores, pero que en el mismo ejercicio ha obtenido una pérdida mayor por el rescate de cuotas de un fondo mutuo y por la liquidación de una sociedad en la que era accionista, terminaría pagado Impuesto a la Renta pese a que su situación no revela capacidad contributiva en dicho periodo.

Considerando el caso anterior como ejemplo, bajo el contexto legislativo actual en el que no existe exoneración a las ganancias de capital, resulta razonable – y hasta necesario – revisar la regulación tributaria vigente con el fin de equiparar el tratamiento de las personas naturales y sus pérdidas de capital, al de los demás contribuyentes que tienen derecho a la compensación de sus pérdidas.

 

[1] Dicha norma también incorpora la regla antielusiva específica denominada “Wash Sales”, por lo que las pérdidas “artificiales” producto de la recompra de los mismos valores que originaron la pérdida se difiere.

[2] Como se aprecia en el siguiente enlace, la propia SUNAT recoge en su ejemplo que la única pérdida compensable para determinar la renta neta de segunda categoría es aquella que proviene de la enajenación de valores mobiliarios:  https://renta.sunat.gob.pe/sites/default/files/archivos/SEGUNDA_CATEGORIA.pdf

(...) bajo el contexto legislativo actual en el que no existe exoneración a las ganancias de capital, resulta razonable – y hasta necesario – revisar la regulación tributaria vigente con el fin de equiparar el tratamiento de las personas naturales y sus pérdidas de capital, al de los demás contribuyentes que tienen derecho a la compensación de sus pérdidas.

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